Crear una cooperativa requiere una idea viable, conocimiento del mercado, recursos financieros y capacidad técnica. Sin embargo, estos elementos no son suficientes. Una cooperativa es, ante todo, un proyecto empresarial colectivo construido y gestionado por personas. Y por ello, su sostenibilidad dependerá especialmente de las competencias personales, sociales y emocionales de quienes la integran.
Si las competencias técnicas o “duras” aportan el conocimiento especializado para desarrollar una actividad profesional concreta, las competencias “blandas” o soft skills nos enseña a relacionarnos mejor, a tomar decisiones, gestionar las emociones, afrontar los conflictos, organizar el trabajo o responder de manera efectiva ante los cambios.
7 SOFTSKILLS, Sociedad Cooperativa Andaluza nace con el propósito de capacitar a trabajadores, emprendedores y personas que buscan empleo en las siete competencias esenciales para el crecimiento personal y el desarrollo profesional. A saber: comunicación, emocionalidad, productividad, resolución, cooperación, adaptación e integridad.
Estas competencias adquieren una importancia sustancial para el emprendimiento colectivo pues una cooperativa -como cualquier empresa- no se puede limitar a la parte productiva, dado que los socios comparten propiedad, responsabilidad, riesgos, decisiones y resultados. Su adecuado funcionamiento exigirá, por tanto, una combinación equilibrada de capacidades empresariales y habilidades humanas.
A continuación, expondremos brevemente la aportación singular de cada una de las 7 competencias que trabajamos desde 7 SOFTSKILLS, s.coop.and. para apoyar proyectos de emprendimiento colectivo y su conexión con los principios y valores del cooperativismo.
- COMUNICACIÓN: construir entendimiento y participación
“Somos como nos comunicamos y nos comunicamos como somos”. En una cooperativa, la comunicación permite expresar ideas, escuchar necesidades, explicar decisiones y construir acuerdos. No consiste únicamente en transmitir información, sino en generar comprensión y confianza.
Esta competencia resulta fundamental para aplicar el principio de gestión democrática de las personas asociadas. Participar activamente en la definición de estrategias y en la toma de decisiones requiere saber argumentar, escuchar opiniones diferentes y facilitar que todas las voces puedan ser consideradas. La comunicación también se relaciona con el principio de educación, formación e información, ya que comunicar con transparencia ayuda a que las personas socias comprendan el funcionamiento de la organización y puedan participar de manera responsable.
- EMOCIONALIDAD: gestionar las relaciones y los conflictos
Emprender colectivamente implica entusiasmo, incertidumbre, esfuerzo y, en ocasiones, frustración. La emocionalidad permite reconocer y regular las propias emociones, así como poder comprender las de las demás personas y actuar de forma constructiva en situaciones de tensión.
Una cooperativa, como cualquier organización humana, nunca estará exenta de discrepancias. La clave está en cómo se gestionan. Las personas emocionalmente competentes pueden disentir sin deteriorar las relaciones, recibir críticas sin reaccionar defensivamente y afrontar los conflictos una oportunidad. Esta capacidad fortalece la participación democrática, la igualdad entre las personas socias y el sentido de pertenencia.
- PRODUCTIVIDAD: convertir los acuerdos en resultados
“Ningún viento es favorable para quien no sabe a qué puerto va”. La productividad supone definir objetivos, establecer prioridades, gestionar adecuadamente el tiempo y orientar los esfuerzos hacia resultados compartidos.
En una cooperativa, la responsabilidad es colectiva, pero eso no significa que pueda diluirse la responsabilidad individual. Cada persona debe cumplir sus compromisos y contribuir al proyecto común. La productividad está estrechamente vinculada con la participación económica de las personas socias, puesto que los recursos aportados y deber ofrecer resultados positivos y luego han administrarse con rigor y eficiencia.
- RESOLUCIÓN: decidir y actuar ante la complejidad
Toda iniciativa empresarial encuentra obstáculos: dificultades financieras, desacuerdos internos, cambios en la demanda, situaciones de incertidumbre, errores de planificación o problemas organizativos. La capacidad de resolución permite analizar las situaciones, identificar sus causas, generar alternativas y tomar decisiones para pasar a la acción.
En una cooperativa, la resolución de problemas debe incorporar diferentes conocimientos y perspectivas con aplicando la creatividad y generando innovación. Las decisiones compartidas pueden requerir más diálogo, pero también pueden producir soluciones más sólidas. Esta competencia contribuye a una gestión democrática eficaz, evitando tanto la improvisación como la parálisis provocada por un exceso de análisis.
- COOPERACIÓN: hacer que el proyecto colectivo sea real
“Si quieres ir rápido, camina solo; si quieres llegar lejos, ve acompañado”. La cooperación constituye la competencia central del emprendimiento colectivo. Supone compartir información, coordinar esfuerzos, aprovechar la diversidad como un activo del proyecto y anteponer los objetivos comunes a los intereses particulares se requiere.
La cooperación se relaciona también con el sexto principio cooperativo: cooperación entre cooperativas. Las cooperativas fortalecen su actividad cuando colaboran, crean redes, comparten recursos y desarrollan proyectos conjuntos en los ámbitos local, nacional e internacional. Pero esta cooperación externa solo es posible cuando ya existe una dinámica colaborativa dentro de la propia organización.
- ADAPTACIÓN: evolucionar y adaptarse sin perder la identidad
Los mercados, las tecnologías, las necesidades sociales y las formas de trabajar cambian constantemente. Las cooperativas necesitan capacidad para anticiparse, aprender y modificar sus estrategias sin renunciar a sus valores y sin perder su identidad.
La adaptación conecta especialmente con el principio de autonomía e independencia. Una cooperativa debe establecer alianzas, aprender del entorno y saber adaptarse para sobrevivir, pero preservando su esencia para seguir aportando valor a la sociedad, siendo competitiva y al mismo tiempo fiel a su propósito.
- INTEGRIDAD: generar confianza y ser coherentes
Podemos definir la integridad como “hacer lo correcto, aunque nadie esté mirando”. Implica actuar con honradez, cumplir los compromisos y mantener la coherencia entre lo que se declara y lo que se lleva a la práctica.
Esta competencia atraviesa todos los principios cooperativos, aunque la vinculamos especialmente con el interés por la comunidad. Una cooperativa no puede presentarse como una empresa socialmente responsable si sus prácticas laborales, económicas, sociales y ambientales contradicen sus valores. La Alianza Cooperativa Internacional señala que las cooperativas se fundamentan en valores como la democracia, la igualdad, la equidad y la solidaridad, así como en valores éticos como la honestidad, la transparencia, la responsabilidad social y la preocupación por las demás personas y por el medio ambiente.
En definitiva, las soft skills convierten los principios cooperativos en comportamientos reales para transformar una idea de negocio en un proyecto compartido, sostenible, con propósito e impacto. La cooperación se convierte así en una poderosa palanca que multiplica nuestras fuerzas y ésta es la esencia del emprendimiento colectivo: personas capaces de crecer juntas para llegar más lejos.

