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Satisfacción de necesidades, generación de riqueza, modelo de crecimiento económico y social, sostenibilidad, utilidad, valor añadido… Todo eso pasa por un instrumento que se llama dinero y sus múltiples expresiones en el sistema económico que nos rige. Y no solo pasa por el dinero, sino que también pasa por la creación de empresas, ya que son estas las que con el soporte, la regulación y la intervención de las Administraciones -que deben ser las que velen por el bien común- las que crean la riqueza y los bienes y servicios que la sociedad necesita y necesitará, o sea las que satisfacen o están llamadas a satisfacer la mayoría de las necesidades de las personas.

Si tenemos esto claro, y deberíamos, es decir, si no tendemos a confundir o a corromper la máxima de que la empresa privada es el principal motor de una economía, y sin obviar el papel fundamental que tienen las Administraciones, ya sea con su participación directa o indirecta, a través de empresas públicas o con colaboraciones o alianzas con iniciativas privadas para con el bienestar de las personas. Es decir, si de verdad somos capaces de ponernos de acuerdo en el papel que las empresas tienen, el papel de las personas que se aventuran y se unen para ese objetivo, es decir, el papel del emprendimiento y de las personas que lo llevan a cabo, y parece que en este tiempo empieza esto a no discutirse y a tenerse de una vez asumido. Entonces podemos seguir avanzando en lo que realmente deberíamos avanzar ¿cuál debe ser el modelo empresarial que a la sociedad más le interesa?

La respuesta a esa cuestión debería ser clara, siempre que pensemos que en el centro de toda sociedad deben estar las personas. Es decir, si pensamos en el colectivo, si pensamos en el bien común, si pensamos en reducir la desigualdad, en una mejor distribución de la riqueza y en una mejor asignación de recursos para que las personas del mundo puedan satisfacer sus necesidades, y en definitiva, “puedan ser felices” -y lo de ser felices no es algo insignificante-… Sin duda alguna, el modelo ideal, hasta que se conozca o se cree otro, es el del emprendimiento colectivo en régimen de cooperativa.

Y es que las cooperativas ponen el foco, no solo en el bienestar de las personas que las integran -lo cual no es poco-, sino también en el bienestar de las personas que pertenecen a los territorios donde ejercen su actividad. Las cooperativas generan prosperidad a través de un uso adecuado de los recursos y de un modelo de organización horizontal, las cooperativas priman el mantenimiento del empleo por encima de la maximización del beneficio, bandera de otras fórmulas empresariales más individualistas. Y es que en definitiva, podemos decir que es un modelo de empresa que genera riqueza y satisface necesidades de una forma responsable con su entorno, con sus trabajadores, con sus clientes, y además, lo hace de una forma sostenible, porque ser responsables con su entorno conlleva automáticamente ser sostenibles.

¿Y queremos todo eso para nosotros? ¿Queremos todo eso como sociedad? Parece que en términos globales y colectivos sí. Todas las personas queremos ser felices, queremos un empleo que nos permita vivir y satisfacer nuestras necesidades y queremos desarrollarnos de una forma responsable, y por tanto, sostenible. Y si eso es lo que queremos, ¿Por qué las cooperativas de enseñanza no son una fórmula más extendida, cuidada y fomentada? Y es que en las cooperativas de enseñanza, las personas que educan y forman son personas socias trabajadoras, personas que ejercen y desarrollan su trabajo diario para ganar un salario con el que vivir, son personas que están comprometidas con su alumnado, futura masa social del mundo, para que estos adquieran los conocimientos, destrezas, competencias, valores y principios necesarios y esenciales para que la sociedad futura funcione. Son personas que pondrán el foco en las personas, y no en el dinero, porque el dinero es el medio para educar y formar a los profesionales del futuro: médicos, ingenieros, profesores, políticos…, y no es el fin, lo cual no quiere decir que el dinero no sea necesario, pero no será o tendrá el carácter de esencial.

Y es que además, en las cooperativas de enseñanza, los maestros y docentes, educan y forman a las personas bajo la lluvia fina y constante de los principios y valores que rigen el funcionamiento de una cooperativa de trabajo. Algo nada despreciable, si queremos hacer de nuestro mundo algo mejor y duradero.

Esto, que es algo bastante sencillo, nos lleva a pensar ¿Por qué la Administración pública no usa a la cooperativa de enseñanza como su empresa abanderada para la prestación del servicio público de educación? Esto, no solo le aseguraría dicha prestación con un ahorro de inversiones, y con una dotación más eficiente y eficaz de recursos, sino que le permitiría ahorrarse la propia gestión de los centros educativos a nivel de recursos humanos, con todo lo que eso supone. Y esos recursos los podría usar en otro tipo de prestaciones y de necesidades a cubrir por la sociedad. Pero es que, además, no debería de preocuparse del enriquecimiento de las personas a través de la prestación de servicios públicos, porque en el ADN de la cooperativa no está eso, ya que premia el mantenimiento del empleo, al igual que en el cuerpo de funcionarios, pero sin la rigidez que supone el abuso del funcionariado para toda prestación de servicios públicos.

Las cooperativas de enseñanza son una fórmula poco conocida dentro de los prestadores del servicio público de educación. Los intereses existentes y la estrategia de polarizar y dividir en función de ellos, lo cual no se corresponde bajo ningún concepto con la finalidad del interés común y, por tanto de lo público, lleva a ejercer políticas que buscan equilibrar la representación y el poder de instituciones y personas en el ámbito individual y no colectivo, que ni prestan, ni prestarán, el servicio educativo bajo los principios y parámetros que una cooperativa lo hará, ya que tal cosa no es posible porque lo que es vertical es vertical y es sumamente complicado hacerlo o llevarlo al plano horizontal.

Y todo esto además, a sabiendas, de que es mucho más complicado fomentar la asociación y la participación del alumnado desde fórmulas que prestan el servicio educativo bajo premisas individualistas y que suelen estar sujetos a una férrea jerarquía. Es sumamente complicado fomentar el necesario emprendimiento sin ser emprendedor, ya que se ha optado por trabajar para el Estado o para un empresario o empresaria por cuenta ajena. Es difícil fomentar el pensamiento crítico donde no es necesario reflexionar sobre, cómo se hace o cómo se podrían hacer las cosas, y donde la necesidad de adaptación al entorno te afecta, pero lo hace de forma muy sutil a cuando eres emprendedor y tu forma de vida depende de cómo hagas o no hagas las cosas.

Y es que es tan fácil o tan complicado, cómo hacerse algunas preguntas… ¿Cuál es la misión y la visión de una cooperativa de enseñanza? ¿Cuál es la misión y la visión de otras fórmulas empresariales o no empresariales?

Si se trata de educar y formar personas para que sean personas válidas, útiles, con valores; con principios fundamentados en la propia esencia de sumar a nuestra sociedad, y no solo en términos productivos, que también, sino aportando valor desde el respeto a los demás, desde la participación, desde los valores democráticos, que con tanta libertad se citan cada día por ciertos sujetos y que hacen de ellos una verdadera parodia de los mismos. Si se trata, por tanto, de educar desde la igualdad de oportunidades y de género, desde el respeto por el entorno, ya que una cooperativa y su entorno se necesitan, y por tanto, se cuidan mutuamente, y ahí la sostenibilidad sale de una forma natural, y por tanto, la responsabilidad social también. Si se trata de eso, de “todo eso”, de formar y educar a las futuras personas, el modelo cooperativo debería ser un modelo predominante, porque es el modelo de iniciativa privada que se centra en el interés colectivo como hemos podido exponer y comprobar, y esto no son palabras, es una realidad.

¿Qué debemos hacer? ¿Qué podemos hacer? ¡Darlo a conocer! Informar con toda la fuerza que podamos y tengamos, para que en la desinformación actual no se difumine y no se pueda llegar ni siquiera a conocer dicho modelo o fórmula, y por tanto, no se pueda poner en valor.

Las Cooperativas de Enseñanza son esenciales en nuestra sociedad: primero porque son cooperativas, y segundo porque forman a esas personas que tiran cada día de su carro y del carro de todos y todas, del cual tirarán porque se les ha educado y se les ha enseñado desde la idea de no ser individualistas, poniendo en valor la importancia de sumar, de participar, de agregar al colectivo, y es que ya se sabe… “divide y vencerás”. La humanidad necesita sumar, colaborar y asociarse, desde el respeto a las múltiples diversidades existentes, que son infinitas, para que podamos llegar más lejos y podamos seguir avanzando, y cuando decimos avanzando, no sea que unos puedan avanzar a costa de que otros no, o simplemente a costa de que otros desaparezcan.

Educar es asegurar y mejorar nuestra forma de vivir, y mantener los valores y principios que nos rigen como sociedad, y formar es conseguir que las personas adquieran a nivel personal, social y profesional las destrezas y competencias necesarias. Algo, que no es baladí ¡Más cooperativas para un mundo mejor!


Emprendimiento Colectivo ha publicado este artículo con el permiso de su autor mediante una licencia de Creative Commons

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