Tal y como hablaba en una publicación anterior de este Blog de Emprendimiento Colectivo Sain López, la tecnología es un medio y no un fin. Por ese motivo debemos cuestionarnos como sociedad a que queremos que sirva la tecnología y reconocer su no neutralidad para asegurarnos que el medio no esconda un fin perjudicial para la mayoría de las personas.
Uno de los casos más ilustrativos y contemporáneos es el de las plataformas digitales tanto colaborativas (como en el caso de Airbnb) o de trabajo a la demanda (como Glovo o Uber) que más que simples intermediarios, se basan en estrategias de centralizan la toma de decisiones y que buscan dominar el mercado buscando obtener una posición monopolística en un periodo de tiempo rápido y a través de una competencia desleal. En vez de cumplir sus promesas iniciales de dar más libertad a l@s trabajador@s y un mayor acceso a bienes como la vivienda, innumerables estudios muestran que los resultados han ido en la dirección opuesta. Estas plataformas no solo suponen un cambio tecnológico, pero tal y como explican investigadores como Luke Yates o NIck Srnicek vehiculan discursos, retóricas, tácticas y agendas políticas que tienen y promueven activamente una visión social de liberación descontrolada de la economía (como en el caso de la vivienda) y/o negación y/o invisibilización de los derechos laborales (como el caso de plataformas como Glovo).
Como he tenido la posibilidad de demostrar con los supervisores de mi doctorado en un artículo de Journal of Responsible Innovation basado en mi estudio doctoral de CoopCycle, las plataformas cooperativas permiten contribuir a dar una dirección más social y justa a la tecnología que asume transparentemente sus fines. CoopCycle es una plataforma cooperativa fundada en 2017, gestionada democráticamente por l@s trabajador@s repartidor@s, que hoy en día permite compartir un software y una app gracias a los cuales 60 colectivos de repartidores y repartidoras de todo el mundo pueden trabajar sin depender de las grandes plataformas de reparto como Glovo. Su modelo cuestiona la falta de consideración de estas plataformas hacia l@s trabajador@s, así como de los derechos laborales conquistados a lo largo de los últimos siglos. Su alternativa consiste en proponer una solución tecnológica que no solo garantice los derechos laborales de los trabajadores y trabajadoras, sino que también fomente una organización democrática de sus lugares de trabajo, la propiedad colectiva y un control democrático y transparente de la tecnología.
Tras 3 años de estudio de la federación de CoopCycle, pienso que su experiencia es interesante por varias razones:
En primer lugar, desde sus inicios, presentan un modelo alternativo basado en: un modelo cooperativo de gobernanza de la plataforma por sus miembros, propiedad colectiva y de uso a través de una licencia copyleft y el hecho de que la adhesión a esta federación y plataforma sea limitado a colectivos gobernados democráticamente bajo forma asociativa o cooperativa y que privilegien el modelo asalariado al de falso autónomo. Dicho modelo y sus fines, son una clara muestra de la voluntad de una búsqueda de mejora y no de cuestionamiento de las adquisiciones sociales de l@s trabajador@s. Dicho modelo promueve un modelo social colectivo que garantiza derecho a una sociedad a la vez que lo defiende creando formas organizativas en las que las personas trabajadoras tienen control democratico sobre sus centros de trabajo.
En segundo lugar, las grandes plataformas de reparto son plataformas opacas en las cuales las infraestructuras, algoritmos y procesos de toma de decisión y asignación de tareas no son transparentes. En cambio, CoopCycle se desarrolla en función de las necesidades reales de los colectivos de repartidor@s que la utilizan y se gestiona de forma democrática, garantizando así que la tecnología sea una herramienta que facilite su trabajo y no un medio de control opaco de su actividad diaria. A pesar de que eso complejiza el proceso de desarrollo del software, es una garantía de que la tecnología sirve los fines de aquellos que dependen de ella para vivir.
En tercer lugar, además de la tecnología, Coopcycle, como federación de colectivos de repartidores y repartidoras, no se limita a poner en común una plataforma digital: sus miembros también comparten sus conocimientos, sus experiencias, sus errores, sus inquietudes, sus clientes y sus oportunidades. Esto demuestra que el desarrollo tecnológico de las plataformas digitales podría basarse, como también han mostrado investigadoras como Denise Kasparia, en un enfoque federativo e intercooperativo, en lugar de en un modelo de crecimiento basado en una competencia desleal y una gestión opaca de su infraestructura, gestión de datos y toma de decisiones. También intentan profesionalizar el reparto de última milla en bicicleta como una alternativa legítima al reparto por vehículos térmicos en las ciudades. Un claro ejemplo, como muestra Raquel Alquézar Crusellas, es la participación de varios de sus miembros en la de red ciclo logistica catalana Som Ecologistika.
Sin embargo, esta voluntad no significa que el camino sea fácil, ni que esté garantizado. Como muestra un artículo de la revista académica Internet Policy Review, que he coescrito junto con otras dos investigador@s que trabajan como repartidor@s en una de estas cooperativas, Mensakas, estas organizaciones alternativas se enfrentan a sus propias ambivalencias, contradicciones y zonas grises: ¿Cómo mantener relaciones con agentes económicos que no comparten necesariamente nuestros valores, pero de los que dependemos para sobrevivir o viabilizar temporalmente el trabajar con entidades locales o de la economía social de menor peso? ¿Cómo llevar a la práctica el ideal de una organización del trabajo más justa y democrática bajo presiones externas? ¿Qué aprendizajes tomamos de la organización de las organizaciones existentes y que otros aprendizajes quedan por inventar?.
Como hemos mostrado en otra publicación reciente en el Journal of Co-Operative Organization and Management, estas organizaciones tienen que buscar un continuo equilibrio entre su proyecto político democráticamente definido y su proyecto económico.
CoopCycle, como otras alternativas, también se enfrenta a la necesidad de que los gobiernos regulen, impidan y no sucumban al lobby proveniente de las grandes plataformas y que paren su competencia desleal basada en volver al trabajo del siglo XIX que consiguió dejar atrás la acción sindical. Invito a ver esos retos como el tipo de retos a los que deberíamos enfrentarnos si quisiéramos avanzar así una sociedad más justa y hacia un emprendimiento más colectivo que defiende una visión del trabajo colectiva y con derechos.
Complementariamente, desde la Economía Social, CoopCycle nos invita emprender por una razón no solo económica sino también social, que se haga en el nombre de la intercooperación, lo colectivo, el buscar vivir mejor, trabajar mejor y porqué no, menos. Pero sobre todo, que las personas no perdamos libertades sociales, sino que estas se trasladan incluso a nuestros centros de trabajo.

