«Recordamos la memoria de Gabriel Abascal a través de este texto póstumo que nos dejó escrito. Hoy lo publicamos como testimonio de un activista incansable contra la injusticia que nunca dejó de pensar en colectivo»
En los últimos años el cooperativismo, un modelo económico nacido en 1843 a partir de la acción en Inglaterra de los llamados «Pioneros de Rochdale» está siendo objeto de reconocimiento institucional por las más diversas organizaciones internacionales (NNUU, OCDE.,….). La paradoja, suficientemente ilustrativa por otra parte, es que un modo de organizar la actividad económica centrado en las personas, fundamentado en principios democráticos y socialmente desarrollado de forma amplia en el mundo, como demuestra la larga trayectoria de la Alianza Cooperativa Internacional, no obtuvo ese reconocimiento institucional hasta que, con el cambio de siglo, entran en colapso las políticas económicas neoliberales desreguladoras y de lo cual la bancarrota del gigante estadounidense Enron a finales de 2001 y la posterior quiebra, en septiembre de 2008, del cuarto mayor banco de inversión de EEUU, Lehman Brothers, que desató una crisis sin precedentes que hizo temblar los cimientos del sector financiero en todo el mundo. Ambas bancarrotas se convirtieron en potentes elementos simbólicos del fracaso de las políticas económicas neoliberales, basadas entre otras cosas en una profunda desregulacion y en el predominio absoluto de los mercados sobre cualquier otra consideración.
En ese contexto y sin que hubiera siempre una relación de causa-efecto, comenzó a desarrollarse un creciente interés y posicionamiento en los diversos organismos internacionales por el modelo cooperativista. El primero de ellos, seguramente por su mayor vinculación y sensibilidad con el mundo del trabajo, fue la Organización Internacional del Trabajo. Así, ya en 2002, la OIT aprueba su Recomendación 193 sobre Promoción de las Cooperativas y continuará aprobando resoluciones a la vez que creaba la Academia internacional de ESS, etc hasta culminar en la Conferencia internacional del Trabajo en Ginebra, en junio de 2022, donde se aprobó la “Resolución relativa al Trabajo Decente y la Economía Social y Solidaria”.
La Unión Europea también empezó a dar una creciente importancia al cooperativismo, actitud que se intensificó a raíz de la crisis financiera global iniciada en 2008. Así podemos recordar la Comunicación de la Comisión Europea (el gobierno de la UE), al Consejo, al Comité Económico y Social y al Comité de las Regiones, del 23 de febrero de 2004, sobre el fomento de las cooperativas, en la que entre otras cosas se afirmaba que “Aunque las cooperativas tienen una tradición que se remonta a la revolución industrial, no se han de considerar una reliquia del s. XIX. La Comisión reconoce (……) quelas cooperativas son empresas dinámicas y modernas que representan un gran potencial.”
También, la resolución del Parlamento Europeo (PE) sobre Economía Social del 19 de febrero de 2009: “un sistema económico en el que las empresas de la Economía social tuvieran un papel más importante reduciría el riesgo de especulación en los mercados financieros en los que determinadas empresas privadas no están sometidas a la supervisión de los accionistas ni de los órganos de regulación”, o la del 2 de julio de 2013 sobre la contribución de las cooperativas a la salida de la crisis y donde el Parlamento señalaba que muchas cooperativas han demostrado ser más resistentes que muchas empresas convencionales en tiempos de crisis, o finalmente la del PE del 10 de septiembre de 2015 sobre emprendimiento social e innovación social en la lucha contra la desocupación.
La OCDE, un organismo intergubernamentalcuyo objetivo principal es promover políticas que mejoren el bienestar económico y social de las personas en todo el mundo, aprobaba en junio de 2022 la Recomendación sobre la Economía Social y Solidaria y la Innovación Social, instando a los gobiernos a desarrollar políticas públicas de fomento del cooperativismo.
Entretanto, NNUU que ya había declarado por primera vez a 2012 el Año Internacional de las Cooperativas, a partir de la actividad previa desarrollada por el Grupo de Trabajo Interinstitucional para la Agenda mundial del Desarrollo, aprobó en la Asamblea General, el 23 de abril de 2023, la primera Resolución sobre la Economía Social y Solidaria para el Desarrollo Sostenible, a la vez que se volvía a declarar a 2025 como un segundo Año Internacional de las Cooperativas.
A todo ello se unía la UNESCO, Agencia de NNUU para la Educación y la Cultura, que mediante la Resolución del 2 de diciembre de 2016 incluyó a las cooperativas entre los bienes del Patrimonio Cultural de la Humanidad, lo que significaba la obligación para gobiernos y agencias internacionales de protección del cooperativismo.
El reconocimiento internacional del cooperativismo y la ESS que hemos descrito no significa sin embargo que éste se halle exento de riesgos y de los embates de políticas más o menos neoliberales. Por el contrario, podemos observar recientemente algunos elementos preocupantes en relación a las políticas públicas sobre el cooperativismo en lugares muy diferentes y sobre los que invito al lector a reflexionar.
En el mes de abril del año 2024, invitado por la ASCOOP (Asociación Colombiana de Cooperativas), pude asistir en Santa Marta (Colombia) a la 40 Jornada de Opinión Cooperativa para exponer una ponencia sobre “Banca Ética y Economía social”. La ASCOOP, es una importante organización gremial del cooperativismo colombiano y tiene en su base social un gran número de cooperativas financieras. Mantiene relaciones históricas con la Escuela de Economía Social de Andalucía, quien a su vez desarrolla una importante tarea formativa en América Latina. Sensible a los cambios continuos de tipo económico y social que pueden afectar al cooperativismo, la ASCOOP desarrolla una imprescindible tarea formativa hacia los cuadros del cooperativismo colombiano mediante la organización de esas Jornadas anuales de Opinión Cooperativa.
En esa Jornada, el presidente de una de las más importantes cooperativas financieras colombianas, CANAPRO (Cooperativa Casa Nacional del Profesorado), tuvo una contundente intervención para denunciar que el poder financiero en Colombia limita el desarrollo del cooperativismo y en ese sentido planteaba, con el fin de que las cooperativas puedan ampliar sus actividades, la necesidad de la reforma de la Ley colombiana 454/98, que creó el Fondo de Fomento de la Economía Solidaria. Me resultaron chocantes esas palabras pues, en el contexto que he referido del apoyo de los organismos internacionales al cooperativismo, se presupone la existencia de políticas públicas que lo favorezcan, más aún cuando actualmente hay allí un gobierno de carácter progresista, como el de Gustavo Petro. La propia presencia en esas Jornadas de la Super Intendente de Economía Solidaria parecía ratificar esa percepción. Pero estos problemas del cooperativismo colombiano allí expuestos son también ilustrativos de que los poderes fácticos económicos, a pesar del fracaso de las políticas económicas neoliberales constatado en la crisis financiera de 2008 y sus derivadas, ponen toda clase de obstáculos al desarrollo del modelo económico cooperativista.
La reflexión sobre esos obstáculos al cooperativismo en Colombia se vieron espoleados también por la realidad europea al conocer el manifiesto realizado este pasado mes de abril por la entidad representativa de la Economía Social Europea SEE (Social Economy Europe) debido a la pretensión de eliminar en la Dirección General europea competente, la Unidad de Economía Social, ello a pesar de que la UE ya aprobó en 2015 un Libro Blanco para potenciar el desarrollo de la ES en el ámbito de la Unión. Seguramente esta actitud tiene que ver con el escoramiento hacia posiciones conservadoras de la actual Comisión europea donde además de políticos de la tradición democristiana o socialdemócrata, cuyas posiciones fueron el pacto fundante de la Unión europea, se han incorporado políticos de opciones más bien simpatizantes del trumpismo” como es la presidenta de Italia.
Más recientemente, en septiembre de 2025, hemos visto que, por impulso de su director y en función de las intensas relaciones de cooperación que mantiene entre otros con el cooperativismo ecuatoriano, la Escuela de Economía Social, de manera solidaria, ha denunciado “la intención (del actual gobierno ecuatoriano) de transformar a las Cooperativas de Ahorro y Crédito en sociedades anónimas con fines de lucro lo que no sólo vulnera el derecho a la libre asociación sino que deslegitima un modelo que ha sido piedra angular de la inclusión financiera y el desarrollo económico y social de miles de comunidades ecuatorianas”.
Las notas comunes de todos estos hechos descritos son el embate, más o menos directo o sutil, hacia el modelo cooperativista desde posiciones extremas de las opciones neoliberales. La irrupción en nuestras sociedades europeas (y también americanas) del “trumpismo” en sus diversas variantes ha acelerado los ataques a un modelo socioeconómico que es la antítesis del capitalismo voraz y de casino del modelo neoliberal. Para hacer frente a ello el cooperativismo necesita no bajar la guardia y reforzar sus alianzas sociales y políticas, en primer lugar entre las propias entidades representativas de sus ámbitos más próximos (sectorial o nacional) y en general a todos los niveles, y el internacional por supuesto en un mundo global. Intercambiar conocimiento y experiencias, mejorar las capacitaciones, articular iniciativas conjuntas, etc. Ese parece ser el camino para superar lo que sin duda es una ofensiva real contra nuestro modelo en muchas de las realidades políticas.
Gabriel Abascal terminó este artículo en julio de 2025

