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En un contexto marcado por retos sociales, económicos y ambientales cada vez más complejos, las empresas sociales pueden convertirse en una herramienta para generar actividad económica y, al mismo tiempo, producir un impacto positivo en la comunidad. En el municipio Cotorro (La Habana, Cuba), el proyecto IKIGAI plantea precisamente este enfoque, integrando producción sostenible, promoción del bienestar infantil y fortalecimiento de las capacidades locales.

Su modelo se articula alrededor de la producción y comercialización de pinturas ecológicas, cuyos ingresos permiten financiar las acciones sociales del proyecto y garantizar su sostenibilidad mediante recursos propios. La actividad económica no constituye, por tanto, un fin aislado, sino el motor que hace posible desarrollar de manera continuada una misión social.

La propuesta parte de una idea sencilla pero relevante: una actividad empresarial puede convertirse en una herramienta de transformación social y desarrollo territorial. Frente a modelos excesivamente dependientes de financiación externa, IKIGAI apuesta por la autosostenibilidad económica, generando sus propios recursos para mantener y ampliar sus programas.

La elección de las pinturas ecológicas incorpora, además, una dimensión ambiental. El proyecto apuesta por procesos productivos responsables y por prácticas vinculadas al desarrollo sostenible, combinando sostenibilidad económica, responsabilidad ambiental y compromiso social dentro de un mismo modelo de empresa.

Bienestar infantil como eje de la misión social

La dimensión social de IKIGAI tiene su origen en la experiencia de Mentes Creativas, un proyecto que utiliza las técnicas cerámicas como herramienta educativa para favorecer el desarrollo integral de niños, niñas y adolescentes.

El proceso creativo permite trabajar capacidades como la autoestima, la creatividad, la autorregulación emocional, la perseverancia, la resolución de problemas, la comunicación y el trabajo colaborativo. Desde esta perspectiva, la práctica artística trasciende la formación técnica y se convierte en una herramienta educativa y preventiva para fortalecer factores protectores, resiliencia, vínculos sociales y bienestar integral.

IKIGAI da continuidad a esta experiencia mediante un programa permanente de promoción del bienestar infantil. Los recursos obtenidos de la comercialización de sus productos se destinan a talleres educativos, acompañamiento psicosocial, actividades comunitarias y acciones de formación dirigidas a niños, niñas, adolescentes y sus familias.

Aquí se encuentra uno de los elementos fundamentales del modelo: un sistema de subsidio cruzado en el que los excedentes generados por la actividad productiva se reinvierten en la misión social de la empresa. Los beneficios económicos son, de este modo, un medio para alcanzar objetivos colectivos y garantizar la continuidad de los programas.

Una empresa social conectada con el territorio

IKIGAI entiende el bienestar infantil y el desarrollo local como responsabilidades compartidas. Por ello, el proyecto trabaja mediante alianzas con familias, centros educativos, instituciones públicas, organizaciones comunitarias, universidades y empresas.

Esta dimensión colaborativa convierte a IKIGAI en un verdadero ecosistema de innovación social, en el que diferentes actores aportan recursos, conocimiento y capacidades.

La Universidad Agraria de La Habana, a través del Centro de Estudios para la Gestión del Desarrollo (CEGED), desempeña un papel relevante mediante el respaldo científico, metodológico y técnico al diseño, implementación, seguimiento y evaluación del proyecto. Esta relación entre universidad y territorio favorece la generación de conocimiento aplicado, la formación de capacidades locales y la transferencia de soluciones orientadas a problemas concretos.

Junto a la universidad, IKIGAI desarrolla alianzas con el gobierno municipal del Cotorro, empresas estatales, actores económicos privados, organizaciones sociales y entidades de cooperación internacional. Esta red permite movilizar recursos, mejorar la coordinación y fortalecer la participación de la comunidad en los procesos de desarrollo.

Actividad económica, empleo y sostenibilidad ambiental

La dimensión económica del proyecto también busca contribuir a la diversificación del tejido productivo local mediante la generación de empleo, la innovación tecnológica y el fortalecimiento de cadenas de valor vinculadas a la producción de pinturas ecológicas.

A ello se suma una apuesta por la formación de capacidades emprendedoras y por una cultura empresarial basada en la ética, la responsabilidad social y la sostenibilidad ambiental.

La dimensión ambiental, además, va más allá del producto final. IKIGAI incorpora criterios relacionados con la economía circular, la eficiencia energética, la reducción de residuos, el uso responsable de materias primas y la educación ambiental comunitaria. De esta forma, el proyecto plantea que la actividad económica puede desarrollarse de manera compatible con los desafíos ambientales actuales.

Medir el impacto para mejorar

Uno de los elementos diferenciales de IKIGAI es la apuesta por la medición sistemática del impacto social. El proyecto incorpora herramientas de evaluación para analizar los resultados alcanzados en ámbitos como el bienestar infantil, el fortalecimiento comunitario, la generación de empleo, el desarrollo de capacidades y la sostenibilidad ambiental.

Medir estos resultados permite tomar decisiones basadas en evidencias, mejorar las intervenciones y reforzar la transparencia y la rendición de cuentas ante la comunidad y las entidades colaboradoras.

El proyecto se vincula asimismo con distintos Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030, especialmente los relacionados con salud y bienestar, educación, trabajo decente, reducción de desigualdades, comunidades sostenibles, producción responsable y alianzas.

Un modelo de empresa social con vocación territorial

IKIGAI puede entenderse como algo más que una empresa social: constituye un laboratorio territorial de innovación, donde actividad económica, investigación, educación, cultura, innovación social y participación comunitaria se articulan para responder de forma integral a necesidades concretas.

Su principal aportación está precisamente en esa conexión entre economía e impacto. La producción de bienes permite generar recursos propios; esos recursos financian una misión social; las alianzas amplían las capacidades del proyecto; y la evaluación del impacto permite mejorar y consolidar el modelo.

En el contexto cubano, esta experiencia muestra que es posible construir una empresa capaz de combinar sostenibilidad económica, responsabilidad ambiental y bienestar social, evitando que la misión dependa exclusivamente de fuentes externas de financiación.

IKIGAI plantea, en definitiva, una forma de entender el emprendimiento social en la que la actividad económica está al servicio del territorio y de las personas. Su experiencia abre también la puerta a explorar modelos replicables que contribuyan a fortalecer las comunidades, generar oportunidades y avanzar hacia territorios más inclusivos, resilientes y sostenibles.


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