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Desde la Economía Social y Solidaria se busca generar un modelo económico alternativo, no basado en la especulación y que se centre en el bien común. Para lograr este objetivo, es importante contar con entidades fuertes a nivel operativo y económico-financiero.

Aunque muchas de ellas no cuentan con esta fortaleza. Según el estudio “La financiación propia en la Economía Social”, en el que se analizan las cuentas de una muestra de empresas de la Economía Social en Barcelona, se pone de manifiesto que éstas tienen una falta generalizada de capital social y recursos propios. A priori esto podría no ser relevante, pero, para poder crecer como sector, es fundamental contar con un patrimonio neto[1] robusto; esto permitirá llevar a cabo nuevos proyectos y líneas de trabajo, y además acceder a la financiación, sobre todo a través de entidades financieras éticas, en mejor posición.

En muchas ocasiones, este fortalecimiento del patrimonio neto no es posible llevarlo a cabo por parte de las propias personas socias de la entidad, por lo que, se debe pensar en acudir a fórmulas que lo permitan y que sean compatibles con los principios de la ESS.

Pero algo que provoca diversas reacciones cuando se conversa con entidades de la Economía Social y Solidaria es plantear la entrada en el capital social por parte de agentes externos a la entidad. Se trata de un planteamiento que puede llegar a generar rechazo, se asocia en muchas ocasiones a una herramienta del capitalismo. Y utilizar herramientas capitalistas en la ESS es delicado y debe hacerse por tanto, con muchísimo equilibrio y criterio para no caer en las lógicas del sistema capitalista.

Así, para entender la inversión como una herramienta de fortalecimiento de la ESS, debemos acercarnos al concepto de inversor desde un punto de vista diferente al capitalista; el objetivo no puede ser obtener una rentabilidad económica (más allá de la necesaria para el sostenimiento técnico) a cambio de las inversiones. Éste debe ser compartido por las dos partes y plantearse desde los principios de las finanzas éticas: Entidades o agrupaciones de la ESS con capacidad de aportar recursos económicos ociosos de forma temporal (Origen del dinero) que han decidido de forma democrática (Proyecto colectivo) reforzar el sector en su conjunto para mejorar el bienestar de la sociedad (Bien común), analizando el impacto socio-ambiental del proyecto (Destino del dinero), explorando fórmulas de participación que respeten la propia gobernanza sin influir en ella pero comprometiéndose como una socia más y compartiendo a su vez estas operaciones con la sociedad de forma transparente (Valor en el uso del dinero). De esta forma, se estarán aplicando los principios de las finanzas éticas en la inversión.

Hacemos hincapié en la necesidad de aproximarse en igualdad de condiciones. El dinero no es neutro y, por tanto, siempre existe el riesgo de que se establezcan relaciones de poder. Por ello, tanto la parte inversora como la parte que recibirá la inversión deben presentarse con la máxima transparencia y con la clara intención de mantener desde el inicio una relación igualitaria y sin recelos.

Esta aproximación se hace desde la empatía, el respeto mutuo y la confianza, debido a que, por un lado, la parte inversora va a aportar un patrimonio (individual o colectivo) con un objetivo claro, el de fortalecer la ESS con recursos que ha prometido custodiar con cuidado, y por tanto, debe tener claro el lugar en el que lo aportará. Por otro lado, la entidad que recibe la inversión abrirá sus puertas a una persona o entidad “extraña” que pasará a formar parte de su familia.

Para ver ejemplos claros sobre este tipo de instrumentos, se pueden rescatar diferentes modelos. Uno de ellos son las ampliaciones de capital social voluntario llevadas a cabo por algunas cooperativas, como Som Energia, cooperativa de consumo de energía verde que, con el objetivo de reforzarse en una época de grandes cambios e inestabilidad en el sector energético, desde octubre de 2021, ha recogido 17 millones de euros de 8.100 socias. O en la misma línea y de forma más modesta, La Corriente que, con el mismo objetivo que Som Energia, abrió la campaña “Nos reforzamos para seguir adelante” y ha logrado desde octubre de 2021 más de 30.000 € de capital social voluntario.

Otro ejemplo son las emisiones de títulos participativos, una fórmula híbrida de financiación, contabilizada como pasivo subordinado, y que en la prelación de créditos se sitúa por detrás de acreedores comunes y por delante de las socias. En este caso, están abiertas tanto a socias de la cooperativa como a personas y entidades no socias. Un ejemplo a destacar son las emisiones que Sostre Cívic, cooperativa de vivienda en cesión de uso. En octubre de 2022 Sostre Cívic había llevado a cabo cuatro campañas de emisión de títulos participativos con el objetivo de complementar la estructura de financiación de algunas promociones llevadas a cabo. Otro ejemplo de utilización de este instrumento es la campaña “Una inversión que alimenta”, lanzada por La Osa, supermercado cooperativo, con el objetivo de fortalecer su situación económico-financiera.

Todas estas campañas tienen en común la gran aceptación entre su base social, que, a cambio de una pequeña remuneración acordada en Asamblea y sujeta a los resultados obtenidos por la entidad, decide apoyar con sus ahorros las iniciativas de las que forma parte como socia (trabajadora, de consumo o colaboradora).

Por el lado de la oferta, no son muchas las entidades que ofrecen este tipo de financiación desde los principios de la Economía Social y Solidaria y de las finanzas éticas y que tengan en cuenta todo lo mencionado anteriormente. Pero sí existen algunas. Un ejemplo de ello es  Fundació Seira, que, a través del vehículo “Seira Inversió Social” invierte en entidades de la ESS, utilizando el préstamo participativo como instrumento y ofreciendo un acompañamiento estratégico y financiero al mismo tiempo. Se trata de inversión paciente, puesto que la recuperación de la inversión se puede fijar hasta en diez años. También se considera no especulativo, ya que el tipo de interés está destinado a cubrir gastos de estructura.

Otro ejemplo es el del programa “La Colmena”, de la Fundación Finanzas Éticas. A través de este programa, en el que se ofrece acompañamiento técnico a la vez que se buscan entidades de la ESS en las que aportar al capital como socia colaboradora, el retorno económico es simbólico y destinado a contribuir de alguna forma a mantener el valor del dinero aportado.


[1] Ubicado en el Pasivo del balance de una entidad, el Patrimonio Neto recoge todas las aportaciones hechas por las personas socias, las reservas, los beneficios generados, además de algunos ajustes contables.


*Esta entrada ha sido realizada en el marco del proyecto: “Academia Iberoamericana de Emprendimiento en Economía Social y Solidaria» financiado por la Consejería de Empleo, Empresa y Trabajo Autónomo de la Junta de Andalucía.

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