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Merece la pena releer el Ocaso de los Ídolos o Cómo se Filosofa a Martillazos, donde Nietzsche, en 1.887, propone que filosofar a martillazos no es destrozar ningún ídolo (las construcciones conceptuales que aceptamos como ciertas y esenciales), sino golpear suavemente en su superficie a ver si suena a hueco o, por el contrario rebota un sonido macizo que nos da noticia de que ahí sí hay contenido. También plantea, como método de conocimiento, lo que él llama la inversión de todos los valores, que consiste, no en adoptar los valores contrarios a los imperantes, sino en darles la vuelta a todos ellos (invertirlos), a ver si cae algo de dentro o si, por el contrario, están tan vacíos que no cae nada.

Desde entonces parece que no ha dejado de ser relevante esta necesidad de filosofar a martillazos para ver cuántos de los ídolos de nuestra cultura tienen pies de barro y suenan a hueco. Sigamos por ese camino y, tras perseguir los sonidos hueros, volteemos algunos recipientes más. Vayamos un poco más allá de los partidos políticos y de las instituciones democráticas, esas dianas que nos complace tanto señalar, y mirémonos como sociedad, invirtamos los valores, exploremos lo que esconden algunos envoltorios y veamos si convivimos con algunos ídolos que no estaría mal voltear.

No se alarme el respetable, no vamos a desatar los perros de la ira, ni vamos a arrojar diatriba alguna contra nadie… que ese menú, o vicio, o pandemia o lo que quiera que sea ese padecimiento, no nos azote por hoy.

Siguiendo al genial y visionario Toffler (Alvin Toffler, 1970, El shock del futuro, Capítulo VII Organizaciones: la proxima «ad-hocracia»)“ presenciamos la llegada de un nuevo sistema de organización, que desafiará cada vez más y acabará por sustituir a la burocracia. Es la organización del futuro, a la que llamó «Ad-hocracia». Para poder captar el significado de este extraño vocablo, Ad-hocracia, debemos, ante todo, reconocer que no todas las organizaciones son burocracias. Hay otras maneras alternativas de organizar a la gente. Mientras una sociedad permanece relativamente estable e inmutable, los problemas que presenta al ser humano suelen ser rutinarios y previsibles. En un medio semejante, las organizaciones pueden ser relativamente permanentes. Pero cuando se acelera el cambio surgen ciertos problemas por primera vez, y las formas tradicionales de organización resultan inadecuadas a las nuevas condiciones.”

Tras el martillazo de Toffler creo que estamos en condiciones de decir que las organizaciones necesitan adaptarse a las situaciones sociales cambiantes, que les exigen modelos de gestión más flexibles y participativos.

Estas condiciones no pueden responder al modelo burocrático de gestión imperante en el pasado. La alternativa es avanzar hacia formas de innovación en la gestión de las organizaciones, con estructuras y procesos más flexibles, capaces de adaptarse continuamente a las condiciones cambiantes del ambiente, autoadministradas y más orientadas a las personas.

Con Mintzberg, que nos marca el camino (Mintzberg, 1.979, La estructuración de las organizaciones), podríamos hablar de tres condiciones para empezar a tirar del hilo y mirar hacia un modo de gestión de las organizaciones más flexible e innovador:

Coordinación organizacional por medio de la adaptación mutua: Estructuras horizontales de decisión en la organización en las que los individuos pasan a ser actores colectivos y el foco de interés está más centrado en las personas que en la gestión.

Liderazgos compartidos, transitorios y laterales: autoridad descentralizada de una manera igualitaria entre los que están más cerca de las tareas a llevar a cabo, frente a estructuras de autoridad alejadas y desconectadas por una cadena burocrática de mando.

Procesos organizacionales de inteligencia colectiva: organización abierta a la innovación de una manera informal, ad hoc, discontinua, con sensibilidad hacia el contexto y con su foco fundamental dirigido hacia el aprendizaje.

Nietzsche, Toffler y Mintzberg hace ya tiempo que nos lo vienen diciendo: cada vez más somos personas adhocráticas, nuestros compromisos son temporales y por proyectos, se tejen y se destejen continuamente con hilos que desdibujan las fronteras de las organizaciones, las instituciones, las empresas, las iglesias, las plazas de abastos y los mercados bursátiles, los grupos de interés y cabildeo, las asambleas, las asociaciones deportivas y gastronómicas, las patronales, los sindicatos, las hermandades y cofradías, las mancomunidades y consistorios, los parlamentos y diputaciones, las fundaciones, los partidos políticos, las escuelas, las organizaciones sociales, los hospitales, las bibliotecas, las personas clientes, votantes, usuarias, profesionales, trabajadoras… en una red de personas que se comunican. El camino está por recorrer y es una inmensa búsqueda de soluciones creativas.

Emprendimiento Colectivo ha publicado este artículo con el permiso de su autor mediante una licencia de Creative Commons.

Imágenes creadas a partir de inteligencia artificial DALL-3

2 comentarios

  1. No puedo estar más de acuerdo con tu artículo, Javier. Parece que lo inventará Laloux y compañía hace poco más de una década (vayan mis respetos por delante, porque puso la lupa sobre ello), cuando en realidad hace casi cuatro Mintzberg ya hablaba de las nuevos modelos de organización, que estaba requiriendo el entonces emergente (hoy realidad) contexto social y productivo. Su concepto de «adhocracia» define claramente la base de un modelo de organización, creo que aún muy minoritario pero cada vez más necesario, configurado por ecotonos caórdicos (un espacio con fronteras difunidadas, entre el caos y el orden) en el que de manera no siempre consciente ocurren las cosas importantes de la organización. Y las personas, como no, en el centro neurálgico de esos espacios adhocráticos, generando sinergias (a veces invisibles), comunicándose para aprovechar oportunidades y co-crear soluciones alternativas a los problemas de siempre y a los nuevos retos del siglo XXI. Muy interesante tu reflexión, Javier, da para mucho.

  2. Un placer compartir, Paca.
    Toffler y Mintzberg eran unos visionarios, sin duda. Es un auténtico gozo leerlos y descubrirlos justo como tú comentas, a nuestros ojos de ahora, cuando estamos inmersos en aquel horizonte que ellos nos señalaban. Y ¡cuidado!, que creo que podemos decir que todavía apuntan más allá y su discurso sigue siendo visionario…
    Seguiremos compartiendo, compañera.
    Un abrazo afectuoso.
    Salud

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