1.068 horas lectivas son el total de horas que un alumno o alumna de Formación Profesional pasa en el aula al año. Bueno, realmente son menos, porque un cuarenta por ciento, más o menos, estará de prácticas.
Si le preguntamos a cualquier chaval que esté estudiando Formación Profesional, sobre si prefiere estar en el aula, o en la empresa. Un porcentaje muy elevado, cercano al 100 %, diría que prefiere estar en la empresa, que 6 horas diarias en un aula son un verdadero rollazo. ¡Y estamos hablando de F.P! ¡Esa etapa educativa que ahora han descubierto nuestros dirigentes! Y que, día sí y día no, genera ríos de tinta positivos, resaltando las bondades y prescribiendo las maravillas que supone estudiar F.P. Y en eso estamos de acuerdo, ¡la F.P. es maravillosa! Siempre lo ha sido. Un servidor la quiere y la ama, y son 21 años ya, los que uno lleva a sus espaldas como profesional de la misma.
Pero las aulas de F.P. se han transformado también en los últimos años. Ha sido un proceso lento, pero ha ido ocurriendo, junto con la transformación y el avance de nuestra sociedad. Si en la sociedad actual nos caracterizamos por el cortoplacismo y la inmediatez, en el aula de F.P. también, es lo normal. El alumnado tiene un objetivo muy claro, quiere ganar dinero, lo cual está muy bien, pero… ¿Es suficiente? ¿No hay más planteamiento que ese? Pues la verdad, es que cuando rascas en la juventud, sí, que lo hay.

Si la sociedad actual tiene un marcado carácter individualista, las aulas también lo tienen, lo cual choca con la esencia humana, o eso creo yo. Ya que todos los retos importantes de una sociedad, todas las necesidades esenciales de una comunidad, o todo propósito de influencia positiva de una persona, pasa por el colectivo y lo colectivo. Entonces, por qué tenemos que enseñar al alumnado a trabajar en equipo, a ser tolerantes, a saber escuchar, a prestar servicio a un grupo, y un largo etcétera de competencias blandas o esenciales colectivas. ¡Antes no hacía falta! ¡Hace 10 años no hacía falta! ¿O es que ahora las empresas compiten o trabajan en escenarios muy diferentes? Surgen muchas dudas, ¿Verdad? Yo solo sé, que antes los empresarios y empresarias me decían: necesitamos un alumno o alumna que sepa contabilizar bien, y ahora, ponen el énfasis en que necesitamos se integre bien en un grupo o en un equipo. ¡Curioso! ¿O no?
Y por último, si la sociedad actual gira en torno al clientelismo, obviamente, en la aulas, el alumnado también entiende sus relaciones de esa forma y manera. Y por tanto, espera casi siempre un rédito. Y si no, no le interesa profundizar, con lo cual, y como decía un buen amigo mío, ¡Nadie conoce a nadie! Una frase que traigo aquí y encajo con el hecho de que el alumno en su fase de alumno también quiere su resultado, de una forma rápida, y sin pensar en los demás.
Y esto último, si lo extrapolamos a los necesarios términos de desarrollo de las personas dentro de una sociedad, poniendo el foco en las relaciones esenciales y necesarias para una persona, y las destrezas y competencias asociadas a dicha relaciones, nos lleva automáticamente a las carencias colectivas, que vamos o llevamos detectando en las aulas, ya, desde hace unos 10 años. Y digo 10 años, porque tengo presente en mi retinas el momento en los que empezamos a discutir esto en mi cooperativa de enseñanza, y en mi centro educativo.
Bajo este análisis, que unas personas compartirán, y otras no, llegamos a algo que ha ocupado esos 10 años, siendo muy prudentes, Pero es que yo recuerdo el año 2016 como un curso escolar con mucha presión por parte de los responsables de la Administración, para introducir cambios metodológicos en las aulas, ya que el fracaso escolar y el absentismo crecían cada vez más. Estaba en la dirección de un centro de 1.200 alumnos y recuerdo, resumiendo mucho mucho, que lo que se pretendía era, básicamente, “cambiarle el cerebro al profesorado en poco tiempo”. Frase que tratando de explicarla, brevemente, se concreta en el hecho de que se empezó a demandar a los docentes y maestros la necesidad de contextualizar situaciones de aprendizaje, para poder poner en valor el contenido que estábamos dando, introducir otros instrumentos de evaluación que no fueran los exámenes, ya que estos no aseguraban el aprendizaje, y enseñar competencias. ¡Ojo con esto último! ¡Enseñar competencias en un aula! Es decir, había que simular, simular y simular, para que el contenido pudiera volver a interesar al alumnado.
Esto lleva aparejado una obviedad, la metodología es fundamental para el aprendizaje de una persona, y por supuesto, para la adquisición de valores universales que son necesarios para actuar y prestar servicio a la comunidad Y por tanto, para adquirir competencias esenciales (“blandas en el argot moderno”). Lo cual nos lleva a algo muy simple, que no sencillo, menos simular, y más enseñar haciendo, y hacer no es simular -esta afirmación, sin duda, daría para otro artículo-.
En definitiva, contextualización, tareas, retos, situaciones de aprendizaje, rúbricas de evaluación asociadas, proyectos… ¡Proyectos! Y ya, por último, que los proyectos es mejor que vayan asociados al emprendimiento, y ahí, lo tenemos. Toda una corriente de emprendimiento en el aula, porque es algo necesario para la sociedad, y por todo lo que implica emprender. Y en eso parece que hay un consenso, o por lo menos los diferentes grupos de interés ligados al proceso de enseñanza – aprendizaje estamos de acuerdo. ¡Estamos de acuerdo! ¡Qué no es poco! Pero, con matices…
… y es que el emprendimiento no es, o no debería de ser el objetivo. Es y debe ser el instrumento, para que el alumnado aprenda lo que necesita, o va a necesitar, en lo personal, lo profesional y lo social. ¡Y ahí! Todo confluye. Y ese emprendimiento, si queremos que ponga el foco en la autogestión colectiva, la igualdad, la democracia, la equidad, la solidaridad y en las necesidades de la comunidad, debe ser emprendimiento colectivo. Ahí aparece el potente instrumento metodológico, la cooperativa escolar.
Este artículo tendrá continuidad en una segunda parte, en forma de entrevista con Javier Martínez, en la que abordaremos con mayor profundidad algunas de las claves planteadas aquí y cerraremos la reflexión desde una mirada más cercana y dialogada.