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En el marco de la fase de Investigación y análisis del proyecto «Memoria y Presente del Cooperativismo de Trabajo en Andalucía» —desarrollado bajo el Programa de Apoyo a la Promoción y el Desarrollo de la Economía Social para el Empleo de la Junta de Andalucía — presentamos este recorrido histórico. Una crónica que demuestra cómo el tejido cooperativo andaluz ha sabido transformarse, resistir y liderar a lo largo de los siglos.

El Siglo XIX: Las Semillas de la Utopía y los Primeros Pioneros Andaluces

El cooperativismo moderno no nació de la nada, sino como una respuesta directa y protectora frente a las duras condiciones de la Revolución Industrial y la privatización de los recursos colectivos. A nivel teórico, el pensador socialista utópico francés Charles Fourier ideó los falansterios: comunidades autosuficientes basadas en la igualdad de trato, el trabajo compartido y la copropiedad de los bienes.

Estas ideas reformistas no tardaron en cruzar las fronteras. Fue el tarifeño Joaquín Abreu (1782-1851) quien introdujo formalmente las doctrinas falansterianas en tierras andaluzas. Poco después, el testigo fue recogido por Fernando Garrido (1821-1883), cuya intensa labor de difusión e impulso le valió ser considerado, con justicia, el padre del cooperativismo moderno en Andalucía y en España.

Mientras tanto, en el plano internacional, el año 1843 marcó un hito con la creación de «Los justos pioneros de Rochdale» en Inglaterra. Esta cooperativa de consumo, impulsada por obreros textiles de Manchester, asentó las bases de los 7 principios cooperativos que hoy rigen la Alianza Cooperativa Internacional (ACI).

En España, la oportunidad para expandir estos principios llegó tras la Revolución «La Gloriosa» de 1868, que trajo consigo la Ley de Asociaciones y una apertura de libertades civiles. Al amparo de este nuevo ambiente, nació en Jerez de la Frontera según algunas voces, la primera cooperativa de Andalucía, bautizada significativamente como «Los justos pioneros de Rochdale» en un explícito homenaje a los precursores británicos. No obstante, este economato del Ejército, aunque fue una institución relevante para el abastecimiento de productos a los militares y sus familias, no está reconocido históricamente como la primera cooperativa de España

A finales de siglo, el reconocimiento legal avanzó: en 1881 se estableció la libertad asociativa y en 1887 la Ley de Libertad de Asociación hizo mención expresa por primera vez a las Sociedades Cooperativas. Sin embargo, el camino social estuvo lleno de tensiones. El Levantamiento de Jerez de 1892 (o «el asalto campesino») evidenció la polarización de la época. En este convulso panorama, las cooperativas se encontraban en una encrucijada ideológica incómoda: para los sectores anarquistas más radicales estaban «aburguesadas», mientras que para la burguesía tradicional eran vistas como peligrosos «focos de subversión».

El Primer Tercio del Siglo XX y la Segunda República

A pesar de los conflictos de fin de siglo, las primeras décadas del siglo XX mantuvieron el auge de los movimientos asociativos en el campo y las ciudades andaluzas. Este crecimiento sostenido culminó institucionalmente durante la Segunda República, un periodo de gran efervescencia legislativa que promulgó la primera Ley General de Cooperativas en 1931.

Las cooperativas de esta etapa se caracterizaron por una estricta neutralidad política, centrando todos sus esfuerzos en el beneficio directo de sus socios y en el desarrollo de una profunda labor social en sus comunidades locales. El arraigo del movimiento quedó demostrado con la celebración del 1er Congreso Nacional de Cooperativas, en el que participaron 255 entidades. Para 1936, justo antes del estallido de la Guerra Civil, el mapa cooperativo español contaba ya con unas 3.800 cooperativas en activo, consolidando un modelo empresarial alternativo.

La Dictadura Franquista: Control Vertical y el Paradójico «Boom» de los 60

El fin de la guerra y la instauración de la Dictadura Franquista truncaron la autonomía del movimiento. La Ley de Cooperativas de 1942 dio origen al denominado «Nacional Cooperativismo», un sistema caracterizado por un férreo centralismo y el control estatal directo de las entidades a través de dos organismos verticales: la UTECO (Unión Territorial de Cooperativas) y la UNACO (Unión Nacional de Cooperativas). Esta absoluta falta de independencia democrática provocó que, en 1958, España fuera excluida de la Alianza Cooperativa Internacional.

No obstante, la historia del cooperativismo guarda una curiosa paradoja en la década de los 60. Paralelamente al plan de estabilización y al desarrollo económico del país, se vivió una auténtica explosión del cooperativismo como fórmula empresarial. Las necesidades habitacionales, agrarias y de crédito hicieron que en 1967 se alcanzara la impresionante cifra de 16.000 cooperativas censadas en España, aglutinando a unos 3 millones de socios repartidos en cajas rurales, cooperativas agrarias, industriales, de consumo y de vivienda.

La Transición y el Despertar del Cooperativismo en Democracia

A medida que el régimen dictatorial se debilitaba, la creciente relevancia de estas empresas obligó al Gobierno a promulgar la Nueva Ley de Cooperativas de 1974. Esta normativa incluyó de manera formal los 7 principios de la Alianza Cooperativa Internacional. Además, ante la grave crisis industrial del momento y la urgente pérdida de puestos de trabajo, nació la fórmula jurídica de la Sociedad Anónima Laboral (SAL). Un caso pionero e inspirador de esta época fue el de los trabajadores de los Transportes Urbanos de Valencia, quienes asumieron la gestión de la entidad para salvarla de un cierre inminente.

Con el advenimiento de la democracia y la posterior desaparición de los Sindicatos Verticales, las cláusulas de control estatal y la obligatoriedad de pertenecer a la UTECO y la UNACO fueron abolidas. Nuevos aires de libertad e iniciativa comunitaria impregnaron la economía social.

Este nuevo periodo democrático vio nacer las grandes estructuras representativas del cooperativismo andaluz:

  • 1977: Se constituye en Sevilla la Federación de Cooperativas de Andalucía (FEOCAN).
  • 1978: Se celebra la histórica Asamblea de Antequera, donde 400 representantes de la economía social acordaron la unidad de acción del movimiento asociativo andaluz.
  • 1985 y 1986: Se aprueban marcos regulatorios fundamentales: la Ley de Cooperativas Andaluzas (1985) y la Ley de Sociedades Anónimas Laborales (1986).
  • 1989: Nace FEANSAL (Federación Empresarial Andaluza de Sociedades Laborales).

La Vertebración Asociativa (1993-2002)

El proceso de maduración organizativa de la economía social andaluza alcanzó su momento cumbre en 1993 con la fundación de CEPES-Andalucía (Confederación de Entidades para la Economía Social de Andalucía), convirtiéndose en el interlocutor común y referente indiscutible ante las instituciones políticas, económicas y sociales de la comunidad.

Siguiendo esta imparable dinámica de especialización, en 1995 se constituyeron dos organizaciones sectoriales pilares: FAECTA (Federación Andaluza de Empresas Cooperativas de Trabajo Asociado) y FAECA (Federación Andaluza de Cooperativas Agrarias).

Finalmente, para dar respuesta a los retos de la formación, la investigación y la innovación estratégica dentro del sector, se materializó en 2002 la creación de nuestra propia entidad de referencia: la Fundación Escuela Andaluza de Economía Social.

El Siglo XXI: Liderazgo Nacional y Modernización

¿Cómo ha continuado la historia en el nuevo milenio? Lejos de estancarse, el cooperativismo de trabajo en Andalucía se ha consolidado como un motor económico de primer orden a nivel estatal. En la actualidad, Andalucía se posiciona con orgullo como la comunidad autónoma con el mayor número de cooperativas de trabajo de toda España, superando las 4.000 entidades registradas.

Este incuestionable liderazgo nacional ha sido respaldado institucionalmente. En 2023, la Junta de Andalucía aprobó el Plan de Impulso y Modernización de la Economía Social, un marco estratégico diseñado para potenciar la competitividad, la digitalización y el relevo generacional en el sector, destacando su papel insustituible en el desarrollo sostenible y la cohesión territorial. Estas acciones autonómicas se alinean de forma directa con los objetivos de la Estrategia Española de la Economía Social 2023-2027, enfocada en visibilizar el modelo empresarial centrado en las personas.

Es bajo este escenario de vanguardia y fortaleza donde cobra todo su sentido el proyecto actual en el que nos encontramos inmersos: «Memoria y Presente del Cooperativismo de Trabajo en Andalucía». Promovido por la Escuela de Economía Social, esta iniciativa trabaja en la futura creación del Centro Bibliográfico de las Cooperativas de Trabajo de Andalucía.


*Esta entrada ha sido realizada en el marco del proyecto: “Memoria y Presente del Cooperativismo de Trabajo en Andalucía”, financiado por la Dirección General de Trabajo Autónomo y Economía Social, en el marco del Programa de Apoyo a la Promoción y el Desarrollo de la Economía Social para el Empleo. Línea 2, «Difusión y Promoción de la Economía Social»,

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