El futuro de la energía: innovación más cooperación

“¿Estarías dispuesta a colocarte un sensor en la suela del zapato que recoja la energía de tu desplazamiento y la utilice para el alumbrado de tu pueblo?”

Idoia Zabaleta

Caja con trucos y remedios para mejorar la vida en común [y la energy que eso conlleva] 

La palabra energía, sola o adjetivada y unida a otras como transición o eficiencia, está cada vez más presente en las conversaciones que se desarrollan a nuestro alrededor. 

Hasta hace relativamente poco tiempo, éramos parte de una cultura energética totalmente situada. Conscientes de cómo los impactos de obtener la energía necesaria para la vida atravesaban nuestros cuerpos y los de aquellos animales con los que compartíamos la tarea. Conscientes de las capacidades energéticas del entorno en que vivíamos y de la necesidad de cooperar para satisfacer algunas de nuestras necesidades energéticas. 

Poco a poco hemos ido cediendo soberanía, conforme la tecnología lo hacía más fácil de ejecutar y más difícil de comprender. 

Pero estamos en un punto de inflexión, de cambio de modelo, en el que la ciudadanía va a jugar un papel clave y el enfoque de quíntuple hélice va a ser determinante para conseguir cambiar las dinámicas actuales en torno a la producción, gestión y consumo de la energía. 

La quíntuple hélice amplía el concepto de innovación basado en la colaboración entre la administración pública, la universidad y los centros de investigación y la empresa. Lo completa y complementa con los conocimientos e inquietudes de la ciudadanía, como cuarta hélice, y vuelve a ser una innovación situada, ya que la quinta hélice es el hábitat en que tiene lugar, con sus particulares condiciones. 

Las comunidades energéticas son, por definición, ecosistemas de innovación de quíntuple hélice y para su correcto desarrollo deben propiciar relaciones significativas entre la diversidad de agentes que pueden ser parte, abiertas y transversales, que fomenten la corresponsabilidad. 

La creación de una comunidad energética debe estar basada en la confianza,  el  reconocimiento y la reciprocidad, abandonando las relaciones paternalistas, instrumentales y/o de dependencia que imponen los actores tradicionales del sector energético. 

Van a ser procesos donde las distintas hélices se mezclarán hibridando saberes y se desarrollará todo el potencial de la cuarta hélice, generando los cambios más disruptivos en el sistema energético. Pero, para permitir a la ciudadanía esa participación real y efectiva, las comunidades deben ser también entornos de aprendizaje dialógico y significativo. 

Son cada vez más las iniciativas que se están desarrollando, basadas en aprender haciendo, para las cuales resulta de gran utilidad  buscar el acompañamiento de otros proyectos que atesoran conocimientos previos en materia energética y que comparten los principios de la Economía Social y Solidaria. 

Nos aguarda el reto de dar forma a un sistema energético más democrático, más justo y más sostenible, que genere de nuevo conciencia de nuestra interdependencia y ecodependencia como seres humanos, y sólo lo alcanzaremos si somos capaces de crear verdaderas comunidades.  

Photo Riccardo Annandale on Unsplash

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