La semana pasada nos sorprendías con un artículo muy interesante que nos introducía en una potente herramienta pedagógica, para desde el emprendimiento colectivo y desde los valores universales del cooperativismo, alcanzar el aprendizaje en la etapa educativa de Formación Profesional. Partiendo de ese artículo, hemos visto interesante desde la Escuela de Economía Social y nuestro Blog hacerte esta entrevista.
Nasser Khoury: Buenas Javier, ¿Qué tal?
Javier Martínez: Hola Nasser, la verdad es que estoy estupendamente, y encantado de haber podido escribir el artículo anterior, y de realizar ahora esta entrevista.
N.K. De tu interesante artículo hemos pensado algunas preguntas que podemos dividir en 4 bloques.
En un primer bloque queremos que el lector pueda contextualizar la situación actual de la Formación Profesional y de su potencial papel para afrontar los actuales retos sociales y económicos. Y para empezar lo vamos a hacer con algo que nos ha llamado mucho la atención, algo que nos decías en el anterior artículo: “en F.P. simulamos, simulamos y simulamos”. lo cual nos hace preguntarnos ¿Qué está fallando realmente en la forma en que enseñamos hoy, y qué consecuencias tiene para el alumnado cuando entra en empresas reales?
J.M. En el mundo empresarial, las competencias técnicas son valiosas, pero las competencias del ámbito social se han convertido en esenciales. Esto, en mi opinión, nos ha llevado en los últimos años a tratar de transformar las aulas, lo cual está muy bien, pero no es suficiente. Es decir, cuando las competencias técnicas eran fundamentales, las clases magistrales, el contenido y las técnicas aprendidas mediante la práctica llenaban el espacio y el interés para el alumnado, y por ende para las empresas.
Pero hace ya tiempo que eso no es así. Ahora las demandas del mercado laboral son otras, la necesidad es que las personas que se incorporen tengan unas competencias y habilidades “blandas”, que son esenciales para su desempeño profesional. Esas antes venían, en muchos casos, de la educación en el ámbito familiar, ahora ya no, con lo cual obliga en la escuela a simular situaciones de aprendizaje, para contextualizar el valor del contenido que el docente da. Y no estamos consiguiendo que el alumnado valore ese esfuerzo y alcance los objetivos en el desarrollo y la adquisición de esas competencias. Es decir, introducir situaciones y simulaciones ya no es suficiente, hay que dar el salto y generar los marcos para que el alumno lo viva y lo haga.
N.K. De tu respuesta me viene a la cabeza, el hecho de que a menudo se piensa que lo más importante es la técnica, pero en la economía social la confianza es el activo principal, y eso está ligado al factor humano ¿Cómo consigues que valoren el hecho de que saber colaborar y ayudarse es tan real y valioso como cualquier conocimiento técnico?
J.M. Eso con los valores predominantes, y con lo que preocupa a los chavales no se puede conseguir; a priori. Y digo a priori, porque si la formación no entra en eso, no se puede. Pero si en el aula se entra en eso, se puede y entonces se alcanzan resultados muy diferentes y muy interesantes. El alumnado se conecta con la colaboración y con la solidaridad, igual que el resto de personas, es decir, cuando realmente lo necesita. ¿Y cuándo lo necesita? Cuando lo vive, cuando forma parte del propósito colectivo. Y eso lo hemos conseguido con este piloto de cooperativa escolar, y con un propósito colectivo de ayudar a personas que están en situación de vulnerabilidad.
N.K. ¡Suena bien! Pero no queda del todo claro! Dices de actividad a «taller de vida»: ¿En qué momento te das cuenta de que una cooperativa escolar deja de ser una “actividad bonita” y se convierte en un taller real de vida profesional para el alumnado de F.P.?
J.M. Me doy cuenta cuando a los chavales les brillan los ojos tras ejercer toda una mañana de voluntarios en la Fundación Calor y Café. Cada uno y cada una de ellas va allí con sus pensamientos y con sus prejuicios. Un alumno de hecho me llega a decir, que a él no le gusta estar con esa gente que va haber allí.
¿Con esa gente? Personas que están en la calle, personas que no tienen para comer, para asearse, personas migrantes, o no migrantes… ¡Prejuicios!

Llegas allí, ven en la puerta lo que les espera. Entran si ganas, quieren salir corriendo, pero empezamos a descargar furgonetas con alimentos, preparar las mesas para los desayunos, inventariar en el economato del banco de alimentos de Calor y Café, y ocurre… El primer café, una caja de leche, un trozo de sandía, y ocurre. ¿Qué es lo que ocurre? Sale la sonrisa en la cara, empieza el brillo en los ojos, utilidad, y estrés colectivo para satisfacer necesidades reales de personas reales, con situaciones reales… Nunca más, tuvimos que hablar o recordar que la Cooperativa Escolar iba a organizar una Carrera Solidaria y que lo recaudado sería para Calor y Café, sus usuarios y los niños y niñas de una de sus escuelas en Kenia. ¡Nunca! ;¡Lo habían vivido! ¡El propósito colectivo ya estaba! Y había nacido de la solidaridad. Y con esa base iban a aprender un montón de cosas, de competencias personales, técnicas y sociales que les serán fundamentales para su desarrollo profesional. Y sobre todo, han aprendido a conocerse a ellos mismos y sus limitaciones en lo colectivo. Eso no tiene precio… ¡Es un taller de vida!
N.K. Muy interesante Javier, la verdad. Y de hecho creo que llegados a este punto, debemos entrar en el segundo bloque de esta entrevista, que no es otro que explicar cómo funciona la cooperativa escolar por dentro, centrándose en las dinámicas de capital solidario (apoyo mutuo y democracia) y su encaje en el currículo. Lo cual nos lleva a preguntarte lo siguiente: Si la juventud vive rodeada de cortoplacismo e individualismo, ¿qué le ofrece una cooperativa escolar?
J.M. La cooperativa escolar es el instrumento para desde el emprendimiento con otras personas, no tú solo, aprender haciendo. Y esto no es solo una forma de decir algo bonito, es que es real, y solo puede ocurrir en una fórmula colectiva y dentro de la economía social.

Si no fuera colectivo el emprendimiento, no se pondría el foco en las relaciones humanas y personales asociadas, es decir, no sería importante el proceso. Solo sería importante el resultado, y llegar rápido a él, y después de eso a otra cosa.
En la cooperativa escolar el resultado es muy importante, pero es más una consecuencia de lo que ocurre en el proceso, y ese proceso implica decisiones colectivas, responsabilidades compartidas, trabajar por el objetivo común, ceder en tus opiniones y forma de ver las cosas, escuchar y contemplar otras opiniones. Todo eso, implica conocerte a ti mismo en sociedad, y aprender a aportar lo que mejor sabes hacer. Y además, entender que cada pieza o persona tiene un papel que es fundamental, o que podría serlo en algún momento.
Al hacer lo anterior, al alumno se le olvida que está estudiando, no se preocupa de si va o no aprobar y qué es lo que tiene que hacer para hacerlo. Está en otro nivel, en otra capa. Está aprendiendo haciendo.
N.K. Hablas de aprender haciendo, y a mí me viene a la cabeza ¿cómo aprender a decidir juntos?
J.M. Decidir juntos en una Asamblea es bastante fácil si las personas están alineadas. Así que en nuestras dos primeras Asambleas fue muy fácil y muy bonito. En la primera constituyeron su cooperativa, tras ejercer de voluntarios y de voluntarias en Calor y Café, establecieron su objeto social, presentaron sus candidaturas a los órganos sociales, y escogieron a la presidenta, vicepresidenta, secretaria del Consejo Rector. Y también a la figura del director general. ¡Fue espectacular! Eran los protagonistas de verdad.

En la segunda eligieron el nombre de su cooperativa, y establecieron la estructura técnica. Dos departamentos profesionales ligados al ciclo formativo: un departamento encargado de toda la organización de la futura Carrera Solidaria, con sus funciones y tareas; y un departamento de comunicación, para contar y comunicar lo que estábamos haciendo y lo que íbamos a hacer.
A partir de ahí, hoja de ruta, planning de trabajo por semanas hasta llegar al objetivo común.
Pero, la tercera Asamblea fue muy dura… Tras la celebración de la Carrera -finales de noviembre- se pelearon. El estrés, la carga de trabajo, la inexperiencia les pasó factura. Eso les llevó a decirse cosas muy serias, y la relación personal se rompió, dividiendo a la cooperativa en dos. Habían juntado a más de 700 personas para correr, habían gestionado a cerca de 50 profesores, hecho los dorsales, pedido los permisos al Ayuntamiento y a la Policía Local, solicitado las colaboraciones de la Asociación de Madres y Padres del centro educativo, de la Cooperativa COVIRAN, de la Caja Rural Granada, y otras instituciones, y se habían recaudado 2.900 €. Los objetivos eran que unas 300 personas corrieran y tratar de llegar a 1.500 € de recaudación. ¡Un verdadero éxito! ¡Un gran resultado! Pero la cooperativa se había roto en dos.

Tras esto, volvimos al aula, a las cuatro paredes, reducimos el ruido y procedimos a evaluar lo individual, a ponerlo en el marco de lo colectivo. A entender que eso es la vida profesional, que eso es trabajar en equipo, que eso es la tolerancia, que eso es la toma de decisiones conjunta y la toma de decisiones bajo principios democráticos. Y que gracias a todo eso, habían logrado el potente resultado. Solo ellas, pero juntas. Un verdadero equipo. Pero los egos salen, y hay que gestionarlos.
En enero hicimos la tercera asamblea. ¿Por qué fue dura? Porque ya no había brillo en los ojos, ahora había responsabilidad y ganas de acabar el proyecto. Con esa realidad decidieron ¿Cómo iban a comunicar lo que habían hecho? Y dividimos el grupo en 3 grupos y una sola persona. No por organización del trabajo, como antes, sino para que el trabajo saliese, ya que la relación entre ellos estaba rota.
El trabajo desde lo individual en ese mes de enero, los volvió a llevar a lo colectivo, ya que contar desde 4 perspectivas de trabajo diferente lo que habían hecho, los alineó nuevamente en el objetivo y propósito común, poniendo el foco lo que habían aprendido durante, y que lo aprendido era mucho más que en un formato de clase tradicional. Habían alcanzado unos resultados que solos cada uno de ellos, nunca habrían logrado. Y es que una Escuela Infantil en Kenia, llevaría el nombre de su cooperativa CORE, y eso era gracias a ellos, y a su unión y trabajo colectivo.
N.K. Nos vamos al último bloque, el cuarto, porque teníamos un tercero previsto, sobre la transformación y el cambio que supone el proyecto CORE, pero creo que ya nos lo has comentado, o dejado ver. Pero enlazamos con la idea de cambio que supone CORE, como punto de inflexión hacía el futuro, y por tanto, uno de los cimientos de un legado dentro de la Economía y la Sociedad.
Esto me lleva a la siguiente pregunta, que versa sobre el modelo CORE en Andalucía. Si miramos el camino recorrido hasta el momento me gustaría que nos contestaras a lo siguiente: ¿Qué hace de CORE una experiencia singular en nuestra región, y que relato habría que construir para que sea útil para otros centros y para la Administración?
J.M. ¡Gran cuestión Nasser! Y de extrema dificultad, ya que pensar desde un aula, desde la utilidad para el docente o maestro, y al decir utilidad hablamos de que el alumnado debe adquirir una serie de destrezas y competencias técnicas, y que eso, además, queremos unirlo a que el alumno no está solo en el mundo, ya que vive en sociedad, y se desarrollará en comunidad, es algo para nada sencillo. Pero es que además, esto va a obligar a introducir en el proceso de aprendizaje una serie de competencias blandas o esenciales, como ya se ha comentado, y es conocido.

Partiendo de esa premisa, CORE debía ser útil en el aula para el docente y para el alumnado. ¿Lo ha sido? Sin duda. Además, ¿Hemos trabajado en el emprendimiento? Por supuesto, no es que hayamos trabajado el emprendimiento, o en el emprendimiento, es que hemos trabajado desde el emprendimiento, lo cual lo cambia todo. ¿Por qué lo cambia? Porque el alumnado vive su experiencia de emprendimiento desde un proyecto real, donde nada está construido, pero si dirigido, acompañado y casi mentorizado, y ahí se forma, y lo hace en colectivo.
Esto nos lleva a tu pregunta, de si es una experiencia singular en Andalucía. ¡Lo es! Es única, de hecho hasta el momento, ya que es la primera cooperativa escolar en F.P. en la región andaluza. Con lo cual trabaja en el emprendimiento. Pero lo trabaja no como objetivo, sino como vehículo, y además en colectivo, con lo cual se favorece el trabajo en equipo, el conocimiento de cada uno y su potencial en comunidad, la tolerancia, el respeto, la capacidad de influir positivamente en el entorno, esto hace que el alumnado aprenda sobre la vida, se le olvide la nota, el aula no tenga paredes, ni límites, es decir, se deconstruye y cada uno autoconstruye en el proceso para el objetivo común, el cual sí que lo hemos dado en esta experiencia, pero en el futuro, también se puede trabajar antes en eso desde la cooperativa escolar y sus valores.
¿Hay algo así en Andalucía en alguna aula o centro en F.P? Yo creo que no. A lo mejor lo podemos encontrar en proyectos de Aprendizaje y Servicio muy bien enfocados, pero no sobre una base de autogestión que se sustenta en responsabilidad compartida y en principios de gestión democrática, como en el caso de una cooperativa escolar.
¿Queremos generar consciencia en lo que es consumo y producción responsable? Pues aquí tenemos la herramienta, útil para el docente, útil para el alumnado, con impacto positivo en el entorno, que conecta con la comunidad y la hace partícipe. Y que genera competencias y valores asociadas al cuidado de las personas y de su futuro, donde el capital es un medio y la persona es el fin.
Con esto, Nasser, fomentamos la economía social y el cooperativismo, no ya solo para que las personas emprendan en colectivo para ganarse la vida, sino para que emprendan para mejorar la vida, y cuidar el entorno. Es decir, hablamos de cooperativismo de consumo y de servicios. Para mi, es la ¡ostia! Y perdón por la expresión.
El relato, como ves está. Falta darlo a conocer. Que otros docentes lo conozcan, lo prueben, se capaciten, lo vean útil, y entonces, dejará de ser singular porque ya lo es y será la referencia. Yo lo veo, pero tú sabes que soy algo idealista, bastante optimista, pero también visionario.
N.K. Última pregunta Javier, y podría hacerte muchas más. Teniendo en cuenta que no me has contestado al tema de la Administración, me gustaría que lo hicieras y que lo hagas, si puedes, enlazando con esta última cuestión que te planteo: Si pensamos a cinco años vista en una red de cooperativas escolares conectadas. ¿Qué impacto te gustaría que tuvieran en el territorio y en la manera en que entendemos la economía en nuestras comunidades?
J.M. Empiezo por el final, y lo llevo a mi terreno. En un centro educativo, ya sea, un instituto público, religioso o un centro gestionado por una cooperativa, como es nuestro caso, lo más importante es su relación con su entorno y con su comunidad: su comunidad educativa. Partiendo de esa base, creo que si se generara esa hipotética red de cooperativas escolares en los centros educativos, se transformaría en esencia lo que es una escuela de formación profesional. Pasaría de formar profesionales a formar personas, y el centro pasaría de “buscar reputación” a ser una referencia, porque su comunidad lo vería como un agente dinamizador de su entorno. Y un agente dinamizador a nivel empresarial, no es lo mismo que un agente dinamizador que genera riqueza social desde la educación y la formación. Ahí estamos cambiando el mundo, desde los valores y principios del cooperativismo.
La Administración compraría eso, porque mejora las comunidades educativas, las transforma positivamente, incrementa la participación porque genera conexión, y el alumnado alcanza los famosos resultados de aprendizaje a través de aprendizajes colaborativos, metodologías activas, otros instrumentos de evaluación más cualitativos, y con desarrollo competencial técnico, personal, profesional y social. ¡Qué más quiere la Administración, Nasser!
